Y usted quién es?

Cuando escribís por puro gusto de hacerlo, sin ninguna técnica y sin ninguna meta los temas que te inspiran son más que nada cotidianos. Alguna charla con un vecino, una anécdota callejera o algún recuerdo de infancia, más menos, la cosa siempre pasa por ahí.  Y dependiendo del impacto que ese relato nos provoca, sea para el lado de la felicidad o para el lado de la tristeza,  nos fluyen o no las palabras. O sea, a veces podemos decir mejor y a veces no podemos, como en la vida misma.

Y este es uno de esos casos en que la cosa se complica, porque cala muy hondo.

Mi mamá murió de Alzheimer, y hasta que nos dimos cuenta, su enfermedad ya había avanzado lo suficiente como para no poder detenerla. El alzhéimer es una enfermedad que te avisa pero no te convence, te va dando pistas pero vos no terminás de creerlas hasta que ya queda poco por hacer.

Se van  olvidando algunas palabras, confunden los nombres de sus nietos, no saben cómo hacer su comida favorita, se desorientan en el barrio, confunden las prendas de vestir, no saben si es invierno o verano, olvidan apagar la cocina, no saben por qué entraron al baño, intentan escribir su nombre y no pueden, comienzan a caminar más rápido, a dormir menos, a comer menos, a conectarse menos. Finalmente ya no son ellos, sus rasgos y sus actitudes ya no les pertenecen. Es muy raro poder seguir viendo a tu mamá cuando ya no es tu mamá.

Hoy alguien que es parte fundamental de mi vida está transitando un camino parecido y como puedo la acompaño. Siempre estamos solos en los acontecimientos esenciales. Pero una anécdota compartida a veces alivia el momento, y nos reímos mucho hace un rato, cuando pensamos juntas que muy pronto su mamá le va a preguntar –Y usted quién es?.

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