la paloma (no se me ocurrió otro título)

Tres semanas atrás logré sacarle a mi gata una paloma de su boca. La pobre estaba muy asustada, el corazón le latía muy rápido y más tarde pude comprobar que además una de sus alas estaba lastimada.

Sin poder resolver más eficazmente la situación opté por meterla dentro de una caja pero a los pocos minutos comprendí que ese respacio era muy pequeño así que la liberé dentro de una habitación que tengo prácticamente sin uso.

Conforme fueron pasando los días la paloma y yo nos hicimos amigas. Una forma de decir a esta relación que manteníamos a diario, cuando  por las mañanas, le levantaba las persianas para que entrara el sol y le llenaba su platito de alimento especial de paloma que le había comprado en la forrajería.

Algunas personas me sugerían que la libere y las opciones eran una plaza, el palomar o simplemente un árbol cualquiera, todos opinaban que sus pares le brindarían la ayuda necesaria para que se restablezca. Yo no estaba muy segura de ello, pero de todos modos, una siesta la acurruqué entre mis manos, subí a la terraza y estiré el brazo haciendo el ademán para que volara y sin embargo aún teniendo todo el cielo para tomar vuelo y un frondoso ficus en donde hacer nido,  enredó sus patitas y se aferró a mis dedos como si fuera ese el lugar más seguro.

Inmediatamente bajé a la casa y sin ninguna duda volví a meterla en su habitación. Un gesto así no asume demasiadas interpretaciones, la paloma claramente quería quedarse conmigo. Y así fuimos fortaleciendo nuestro vínculo, ella ya no se asustaba tanto en mi presencia y yo ya comenzaba a darle cierta charla.

Pero un día cuando le llevé su comida mi amiga ya no estaba carreteando por el piso, mi amiga me miraba silenciosa desde el barral de la cortina,  – podés volar- le dije y sí, podía volar. Dejé pasar unos  días hasta volver  a subirla a la terraza y tardó nada, unos escasos segundos hasta extender sus alas y de un solo tirón volar hasta el fresno medio pelado que hay a la vuelta de mi casa, se quedó quietita en  la punta de la rama más alta y yo me quedé inmóvil mirándola por un buen rato. Finalmente decidí bajar y seguir con mis cosas pero no me pude aguantar la curiosidad y volví a subir,  y allí seguía, quietecita observando todo a su alrededor. Volvi a bajar y obviamente volví a subir pero esta vez ya no estaba más.

Así fue la historia de la paloma que vivió en mi casa durante tres semanas.

palo

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