marisa ramos

microrelatos, como la vida

Mes: octubre, 2014

mágicamente

“Las cosas aparecen y desaparecen mágicamente, así que estoy tranquilo, ya va a aparecer”, decía al teléfono un hombre joven, con pantalón ombú color marrón, remera azul y zapatillas rojas. estaba sentado en el banco de una plaza y había dejado su mochila en el piso al lado de sus pies. Cuando pasé frente a él sólo pude escuchar estas palabras, ni las previas ni las posteriores, así que no pude saber a cuáles cosas perdidas se refería. Seguí mi camino y en las cuadras que me faltaban por caminar fui pensando qué cosas uno pierde y recupera mágicamente, me metí en un laberinto sin salida. Pensé en gestos, palabras, momentos, olores, lugares, recuerdos, carcajadas, llaves, biromes… por unos minutos fui enumerando la vida, esa magia que acontece.

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bombita

Vieron la película “relatos salvajes”?, bueno hoy tuve un día “bombita”, una sucesión de hechos desafortunados me corrieron el eje. No diría que se me soltó la cadena, no se me voló la gorra, ni siquiera llegué a que se me salte la térmica, digamos que se me rebalsó el tanque ese mismo al que a veces no le llega agua.

Y no es que me sienta que me hayan arrancado verde ni que me falte un golpe de horno, simplemente se me escaparon un par de jugadores de la cancha y no pude llenar la bolsita con todos los caramelos, por suerte me cayó la ficha y dejé de andar perdida como perro en cancha de bocha, saqué mi as de la manga y volví a poner todos mis patitos en fila.

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un día complicado

A veces me enrosco en cosas insignificantes, me concentro en algo que se sobredimensiona en cuestión de minutos y capaz (me encanta decir capaz) no es para tanto.

Hace unos días que estoy embarullada (que palabra antigua!) con unas cuestiones que me perturban, me molestan, me hacen ruido, es un tema que no puedo resolver, que no tiene que ver con algo tan personal, pero si tiene su importancia.

Y sucede además que hace mucho calor, y el calor ya sabemos nos pone un poco mas irascibles y la sumatoria de cosas desemboca en días sino complicados al menos raros.

Bueno hoy fue uno de eso días, pero…  siempre tenemos que tener un as bajo la manga, un recurso íntimo que nos reasegure el camino, un amiga que al teléfono nos diga las palabras exactas que necesitamos escuchar, esas que nos hacen click, que nos hacen caer la ficha y que en definitiva nos resuelven el dia.

la luna urbana

La luna sobre el río, la luna detrás de la montaña, la luna rozando el mar; paisajes perfectos de otras postales.

La mía, mi luna, se descubre detrás de un edificio, se esconde detrás de la galería, hace silueta entre los árboles y rebota en el asfalto, alumbra sin prejuicio las calles de todos los barrios.

Y sí, mi luna tiene estas cosas, mi luna urbana tiene lo suyo.

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cuadernos de espirales

Me gustan los cuadernos, especialmente los de espirales. Tengo muchos, todos en uso, digamos unos 9 en este momento, incluye un par de libretitas pequeñas. Tomo notas todo el tiempo, de mis propios pensamientos para no olvidarlos, escenas de pelis, párrafos de libros, frases sueltas que escucho en la tele o en la radio, descripciones de alguna situación cotidiana, “el vecino se murió hace una semana y la perra callejera sigue  yendo todos los días a su puerta esperando su ración de comida” por ejemplo, frases célebres que suelen decir mis amigos y todo tipo de cosa plausible de ser escrita.

Cada vez que salgo a la calle necesito llevar tres, la agenda y dos cuadernos, esto es así siempre. En general cada uno tiene su propia temática o al menos eso es lo que yo creo, porque a la hora de escribir no tomo uno al azar, sino que lo elijo motivada por alguna secreta inspiración que yo sola creo conocer.

Disfruto de verlos apilados, disfruto de saber que en esas paginas hay palabras muy valiosas, estimulantes, provocadoras, referencias inevitables de las cosas en las que creo.

cuaderno

La luna llena de sí misma

Una amiga me contó que está leyendo un libro de Clarice Lispector y que quedó atrapada en una frase “la luna llena de sí misma”.  Tres días después, perturbada por estas seis palabras encuentro algunas cosas más llenas de sí mismas.

La línea de un texto o una página, la imagen de una película o una escena, la estrofa de una canción o sus acordes,  una foto, un olor, el aleteo de un picaflor, el murmullo en un bar, el balcón de una casa, la vereda rota, la bicicleta apoyada en un portón, la mancha de una pared, el ruido de la pava, la planta que necesita agua, la gata que se roza en los pies, las mandarinas, la nube con forma rara y el sol cuando cae, que son porque son pero también porque las miro.

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Gastón

Mi sobrino mayor tiene 12 años menos que yo, hemos compartido nuestras vidas bastante cercanamente, a veces más, a veces menos, cuando tenía 8  años lo llevaba a recitales de rock al anfiteatro del parque del sur, probablemente él no lo recuerde, pero es ahí donde escuchó por primera vez la música de Charly y de Spinetta. También me acompañaba a las funciones de cine club juvenil los sábados a la tarde y probablemente jamás olvide “ratataplan”.

De un modo u otro acompañó varios años de mi adolescencia y temprana juventud más tarde en idas y vueltas mías y de él nos cruzamos, nos desencontramos y nos volvimos a compartir.

No forma parte del estándar, es un chico bastante particular y eso especialmente eso es lo que mas me gusta de él.

Nietzsche, Arlt y alguien más del montón

En la radio alguien hablaba de Roberto Arlt y haciendo referencia a su obra usó la expresión “arltiano”, mientras mi amigo conducía  yo a su lado bajaba el volumen para hacerle la siguiente pregunta: – Si la referencia de Nietzsche es nietzscheano y la de Arlt es arltiano,  la de Ramos como sería?. Muy serio mi amigo respondió casi sin pensar: “ramoneano”. Pasaron escasos diez segundos y ambos al unísono nos reímos a carcajada.

jugaba con su escote

El mismo vestido para dos instancias diferentes, lo dijo un amigo, reflexionando sobre la cantidad de relleno que suele marcar la diferencia más o menos a la altura de los pechos;  artista plástico él, buen saboreador de comidas y de vinos según dicen por ahí.

Y sí, había un vestido y una pelirroja muy bonita que jugaba con su escote y desde esa situación casual hasta las palabras casi filosóficas del único hombre de la ronda, segundos de intensas fantasías nublaron la mirada racional de las tres personas que mirábamos el escote. Cada uno con la suya, cada cual con la propia.

En brevísimos instantes un universo de posibilidades ampliaron las dos instancias iniciales a las que refirió mi amigo.

El aleteo de una mariposa

Ya no cuento los días, pero bueno tal vez sí los meses. Sesenta días o dos meses es lo mismo pero suenan diferente, en cualquiera de los casos es el tiempo que llevo sin fumar. No tuvo que ver con el vicio, no tuvo que ver con el mal que provoca, tuvo que ver con un simple ejercicio de la voluntad, un giro de timón, una vuelta de tuerca.

“El aleteo de las alas de una mariposa se puede sentir al otro lado del mundo” dice el proverbio chino y este desafio conmigo misma ya esta viendo sus beneficios colaterales, un simple cambio de hábito te puede llevar a lugares inesperados.

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