la escuela bolillita

Después de dos años infructuosos de  asistir a una escuela privada, comencé mi segundo grado en la escuela del barrio, la República de Bolivia Nº 534. Como este nombre me resultaba difícil de memorizar, durante toda mi infancia le dije la escuela bolillita.

La población estudiantil que asistía provenía mayormente del mismo barrio barranquitas, del este y del oeste, entre ambos existían diferencias sociales más o menos marcadas, los unos con sus cuestiones más resueltas que los otros.

Mi papá era miembro de la cooperadora y esto lo hacía participar activamente de las actividades escolares, mi mamá era amiga personal de mi maestra y yo en el séptimo grado fui escolta de la bandera durante todo el año. Dicho así, pareciera que tuve un lugar de privilegio pero no fue así en absoluto, mi extrema timidez me hizo sentir como en casi toda mi vida un bicho raro y sufría participar en los actos tanto como dar una lección o cualquier otro tipo de exposición social. De todos modos con el tiempo comprendí que de estas cosas sufrimos casi todas las personas.

Mi maestra de segundo a quinto fue la señorita Zuni, Zunilda Espinaco, “la dama de las leyendas” como fuera conocida más tarde por su labor relacionada a la narración de mitos y leyendas, una mujer maravillosa, su voz era fuerte y firme y también hablaba con las manos y con sus enormes ojos. Sus métodos pedagógicos no eran acordes a la expectativa educativa de la época. Una seño que   se empeñaba en contarnos historias y hacernos escribir mucho más que enseñarnos matemáticas en la década del 70 le traía irremediablemente recurrentes problemas institucionales.

Mi recuerdo instalado es que la escuela era grande, las aulas grandes, el patio grande y el mástil altísimo. Sin embargo, hace unos días en relación a mis talleres de juegos, tuve la oportunidad de volver a entrar y compartir una actividad con uno de los grados. Para mi sorpresa algunas cuestiones estructurales se mantienen a pesar de las tantas reformas que ha tenido en el transcurso del tiempo , algunas ventanas y algunas puertas, pequeñas, bajas, de color verde escuela, el mismo de siempre.

No se me vinieron los recuerdos a borbotones  pero sí tuve una sensación de bienestar, al fin y al cabo muchas cosas buenas comenzaron allí y como todo vuelve, acá estoy de nuevo jugando por unos días en esta aula chiquita.

escuela

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