marisa ramos

microrelatos, como la vida

Mes: agosto, 2014

miedo a los murciélagos

Hace unos cuantos años tuve una experiencia bastante fuerte con murciélagos (esta es la famosa palabra que lleva todas las vocales). Vivía en una casa de campo y una colonia de murciélagos se había instalado en los techos de la vieja casa, al principio sus ruidos al atardecer, cuando salen de sus nidos  en búsqueda de comida, no nos llamaron la atención sino hasta que éstos fueron cada vez más seguido y más intensos.

No estábamos seguros de que fueran murciélagos ya que si bien los veíamos volar alrededor de la casa nunca pensamos que estarían instalados en nuestro techo.

Una noche estábamos durmiendo y algo sobrevoló nuestras cabezas, al principio, entre el asombro y el sueño no reaccionamos de inmediato y tampoco pudimos detectar que era eso que giraba alrededor de la casa, adentro de la casa. Una vez prendimos las luces y nos despabilamos comprendimos que era un murciélago. Como todos los intentos por sacarlo resultaron en vano decidimos cerrar la puerta del dormitorio y allí quedamos nosotros de un lado y el del otro.

Al día siguiente un amigo nos ayudó a sacarlo fuera, buscamos por todos los rincones y finalmente lo encontramos acurrucado metido en el entretecho, la casa vieja tenía bajados sus techos con maderas de machimbre, nuestro amigo lo metió en un tacho y lo liberó en el patio.

Ingenuamente pensamos que la visita del murciélago dentro de la casa había sido ocasional, al poco tiempo comprobamos que en el entretecho teníamos instalada una importante colonia de murciélagos.

Vertiginosamente fui haciéndome mas susceptibles a estos animales, comenzaron a incomodarme, a molestarme sus ruidos, sus chillidos, sus aleteos y poco a poco fui informándome de sus hábitos para poder controlar de ese modo mi incipiente aversión.

Por motivos familiares me mudé de esa casa a los pocos meses, de modo que mi convivencia con estos horribles animales no fue muy extensa, sin embargo nunca pude liberarme de esta fobia. Hoy cada que vez que los veo revolotear alrededor de las luces de las calles (alli donde se alimentan de insectos) me provocan mucha impresión, hasta diría cierto miedo, los esquivo, me cruzo de vereda e incluso tengo detectado sus lugares favoritos y trato en lo posible no transitarlos.

Hace poco, una mañana, iba caminando por barrio candioti, habitat por excelencia de estos quirópteros y en una vereda estaba indefenso un joven murciélago, trataba de arrastrarse y lo hacia con mucha dificultad, estaba totalmente expuesto a que alguien lo pise o algún otro animal se lo devore, resulta que los murciélagos son muy hábiles en vuelo pero no pueden caminar ni trasladarse mas que a través de sus alas.

Me detuve y lo observé con cierta pena, este bichito que tanto temor me provoca cuando está en el aire ahora en este preciso momento es incapaz de incomodarme. Luego de algunos segundos seguí mi camino mientras pensaba, al final él también siente miedo, es igual a todos.

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no tirar basura al rio

El domingo fui a la casa de mi hermano, era su cumpleaños y realmente la pasamos muy bien, había familia y amigos, comimos rico, bebimos espirituosamente y cantamos al ritmo de la guitarra de mi sobrino unos buenos blues.

Mi hermano vive cerca del río y al igual que el resto de la gente que se muda de la ciudad a la zona de la costa el paisaje lo va atrapando, cada vez le gusta menos venir al centro y cada vez más se involucra con su nuevo entorno.

Hace mesas con maderas de descarte, bancos con troncos, techo de galerías con cañas, lámparas con ramas, en fin va juntando y haciendo y eso me gusta, en cada visita te encontrás con algo nuevo.

Así fue que pude ver, no porque me lo mostrara, sino porque estaba por ahí, un cartel que acababa de pintar, eran varias maderas de machimbre que formaban una superficie de unos 50 cm x 40 cm, las había barnizado, y en color blanco les había escrito la leyenda “No tirar basura al río”.

Me dio mucha ternura. El tiempo que le habrá dedicado a hacer ese cartel, el tiempo que le llevaría caminar hasta el río y  emplazarlo en la orilla , toda la voluntad puesta para que la gente deje de hacer algunas estupideces.

el alemán

Mi mamá siempre fue un poco despistada, en el sentido que le costaba un poco concentrarse a pleno en su oralidad. Confundía los nombres de su hijos, queriendo llamar a uno nombraba a otro y siempre había tres puntos suspensivos en sus frases. Yo lo atribuía a que pensaba muchas cosas al mismo tiempo, le mirabas la cara y veías un montón de ideas, como que todo el tiempo estaba tratando de resolver cosas, antes que en la práctica en su cabeza.

De modo que no nos fue fácil detectar los primeros síntomas ya que estas características formaban parte de su personalidad. Y lo grave de esto es que el alzheimer avanza como enemigo en la noche, silencioso y cuando nos dimos cuenta que estos despistes y olvidos tenían connotaciones relacionada con alguna patología ya era tarde.

Así, progresivamente, y si lo pienso un poco más, diría que del día a la noche, mi mamá se transformó en una niña a la que todo había que explicarle varias veces, a la que tenías que darle de comer, a la que tenías que vestir, a la que tenías que seguir manteniéndoles ciertos hábitos, mínimos como lavarse los dientes o ponerse los dos zapatos iguales, a la que a veces te hacía reír y a veces literalmente querías matar.

Vertiginosamente se fue alejando, de nosotros y de ella misma, vivía en un mundo extraño, desconocido para la mirada racional, pero que de algún modo aprendimos a contemplar.

Mi mamá nunca bailó. No le gustaba la música. Y sin embargo un día, uno de sus últimos días bailó con mucho entusiasmo la siguiente canción.

la caja rápida

Dos ejes atraviesan indefectiblemente la situación de optar por la caja rápida en el supermercado

Eje 1:

El cliente que está delante en la cola seguramente tiene alguno de estos inconvenientes o todos juntos:

  • tiene más de 10 productos
  • no le lee la tarjeta
  • la tarjeta le lee pero no tiene saldo suficiente
  • la tarjeta le lee, tiene saldo pero se olvidó el documento
  • la tarjeta es de débito y le pifia el pin
  • se olvidó algo y corre disparado a buscarlo (seguramente en la góndola más lejana)
  • Y lo peor de todo conoce a la cajera y entablan conversación.

Eje 2:

La cajera seguramente tendrá alguno de estos inconvenientes o todos juntos:

  • No le lee los códigos de barra
  • No le lee el código de barra y no recuerda el código manual.
  • Se equivoca y necesita “anular por favor”
  • Se le termina el papel
  • No tiene cambio para darte el vuelto, “cambio por favor”
  • Y antes de que te cobre se da cuenta que tiene dinero suficiente y “retiro por favor”.

La gente enloquece a las 19 hs

Tengo un amigo que sostiene la teoría de que la gente enloquece a las 19 hs, en realidad no es del todo una teoría ya que no logra sostener su hipótesis con argumentos demasiado sólidos. Es su percepción. Y su percepción no aparece ni a las 18 hs ni a las 20 hs , su percepción de que la gente enloquece aparece precisamente a las 19 hs. Siempre hablamos el tema, normalmente a las 19 hs cuando tratamos de estacionar en  el microcentro o apenas transitar ilesos por esas calles que parecen cada vez mas angostas. Y allí empiezan a emerger sus especulaciones, “para mi la gente se apura en llegar a sus actividades nocturnas”, “también están los que buscan a los chicos de ingles o música” “otros deben querer llegar antes que cierren los negocios” “ y a otros les da apuro el solo hecho de anochecer”.

Cada día que el día nos encuentra a las 19 hs en el microcentro escucho la teoría de que la gente a las 19 hs enloquece.

cuatro días sin fumar

Hace cuatro días que he dejado de fumar. A primera vista es un tiempo muy corto para poder evaluar el éxito de mi decisión y sí,  cuatro días es apenas un fin de semana largo, lo que dura el carnaval o semana santa. En cualquiera de los casos, en esos momentos de ocio y descanso el tiempo indefectiblemente siempre pasa rápido. Pero eso no está sucediendo ahora, desde el viernes hasta hoy lunes mi sensación es que los días han tenido más de 24 horas, las horas mas de 60 minutos y los minutos mucho mas que 60 segundos. El tiempo, la percepción del tiempo ha cambiado. Y no es precisamente porque piense en forma constante en fumar o en que he dejado de fumar, es que me he dado cuenta que además de quitarme bienestar físico tragándome todas esas toxinas, bienestar social expulsándome a la vereda o al balcón para pitar ferozmente junto algún cómplice, el cigarrillo me quitaba tiempo. Hasta hace 4 días el cigarrillo era mi sobremesa, mi momento después del café, del mate, mi momento antes de tomar una decisión, mi momento después de haberla tomado, un montón de minutos que sumados hoy me están dando tiempo extra y el día parece estar teniendo más de 24 hs.

Hola Martiiiiiinnn

Martín, Juana, Aldo, Myriam, Inés, Luis, Negri, Tito, Raúl, Ale, Laura, Gladys. Estos son algunos de mis vecinos con quienes me cruzo a diario, algunos viven bien cerca otros algunas casas mas allá, pero todos transitamos los mismos lugares, la despensa, la verdulería, el kiosco, la agencia de quiniela, en un lugar u otro en algún momento del día nos vemos. Son instantes, apenas unos segundos porque cada uno va con el apuro de su propia jornada. A veces nos vemos varias veces  en el mismo día, en distintos lugares, en distintos momentos, a veces solo con el intervalo que uno tarda en ir y venir a la ferretería.

Pero cada vez que esto sucede, cada vez que nos encontramos yendo uno para un lado y otro para el otro,  nuestro saludo es el mismo, nuestro saludo incluye indefectiblemente el nombre del vecino, no importa si es un hola, un chau, un como va?, siempre, absolutamente siempre y cada vez nuestros nombres se nombran acentuando y alargando por alguna secreta razón las ultimas letras.

la casa de mi abuela

La casa de mi abuela siempre fue vieja. Es decir, desde mis primeros recuerdos la casa ya era vieja. Era de esas de principio de siglo pasado tipo chorizo, con una galería lateral que comenzaba en el primer ambiente y terminaba en el ultimo, la cocina. Tenía dos baños, el wc estaba por fuera de la galería lo que nos obligaba a mojarnos los días de lluvia cada vez que lo utilizábamos, el de la ducha estaba bajo techo, junto al lavadero. Cada habitación era inmensa y con los techos muy altos y casi todas se comunicaban entre si. En la parte de adelante tenia un jardín con calas y una gran planta de primavera, a veces mi abuela sembraba otras flores pero eran estacionales.

Ninguna de las puertas tenia llave, ni siquiera la del frente, una gran puerta de hierro de dos hojas, sin embargo nos sentíamos seguros, muy seguros, y ahora que lo pienso no tenia que ver con las épocas que vivíamos, tenia que ver con mi abuela, esa pequeña mujer de baja  estatura transmitía protección y la sensación permanente de que su casa era un refugio, no por nada la calle en donde aun hoy a medio derrumbar resiste se llama “la paz”.

Sucesión de hechos afortunados

Tuvieron que pasar al mismo tiempo por el mismo lugar. La ciudad es grande y los días tienen indefectiblemente 24 horas, una puede elegir salir o quedarse en su casa, encontrarse con amigos, terminar de leer el último capítulo de un libro o simplemente dejarse convencer para asistir a una reunión imprevista. Cada decisión traerá consigo un desenlace diferente, no necesariamente importante, no necesariamente trascendente, pero no es el caso, aquí la acción elegida fue necesaria para que dos personas se encuentren en el mismo lugar al mismo tiempo y no es poca cosa.

bitácora

Los cuadernos de anotaciones parecen ser una cuestión de familia. Mi papá los usaba de tapa dura y todos los días escribía sus cosas, generalmente eran temas relacionados a su trabajo, como era mecánico de autos las hojas estaban plagadas de especificaciones de motores. Carburador, filtro de aire y cárter eran palabras que se repetían a menudo. También se empeñaba en anotar sus cuentas a pagar, impuestos, almacén, farmacia entre otras. Normalmente escribía después de la cena cuando la casa estaba más silenciosa, era el gran momento del hombre y su cuaderno. Conforme pasó el tiempo la cantidad de cuadernos se fueron acumulando ya que una vez escritos por completo los guardaba en cajas de zapatos que ocupaban un lugar de privilegio en su taller.

Por su parte, mi mamá también tenía sus cuadernos de anotaciones, pero ella prefería los de tapa blanda. Sus temas favoritos y casi exclusivos tenían que ver con citas bíblicas y poemas de alabanzas a dios que ella misma componía. Era una mujer de fe y escribir formaba parte de sus rituales antes de dormir, y a sus cuadernos los guardaba en la mesita de luz.

En apenas un año de diferencia los dos enfermaron y murieron y con mi hermano tuvimos que hacernos cargo de sus cosas, regalamos sus ropas, tiramos lo que consideramos no tenía sentido preservar y nos llevamos cada a uno a su casa algunos recuerdos. Esta labor requirió de varias semanas y a veces juntos y a veces por separado fuimos leyendo sus cuadernos, fue de este modo que encontramos una carta que mi papá nos había escrito a ambos en un momento que parecía tenía la certeza de morirse, nos pedía entre otras cosas que cuidemos a mi mamá y nos dejó una lista detallada del estado de sus cuentas.

Hoy, los cuadernos siguen teniendo un rol importante en algunos miembros de la familia, dos de mis sobrinos lo usan para anotar sus intereses y todo el tiempo lo llevan en sus mochilas. En mi caso, me gustan los de espirales y ya he perdido la cuenta de cuantos tengo, cada tanto cuando les doy una leída puedo ver muy claramente como fue siendo mi vida, en este sentido siempre me gustó una de la definiciones de la RAE sobre el cuaderno de bitácora: “libro en que se apunta el rumbo, velocidad, maniobras y demás accidentes de la navegación”.